martes, 3 de junio de 2008

"No creo en generaciones"

Así tituló el ensayista y académico Ignacio Sánchez Prado un texto publicado en su blog el 2 de junio de 2008.
Por su pertinencia lo posteo aquí:
No creo en generaciones
Al haber nacido en 1979, me corresponde el dudoso honor de estar en la retaguardia cronológica de esa entidad que en los medios literarios se ha dado en llamar la "generación inexistente" o la "generación de los setenta".
Esta generación ya ha sido objeto de diversos artículos críticos, incluidas muchas personas cuyo trabajo siempre leo con interés, entre ellos algunos de los narradores y críticos más brillantes: Rafael Lemus, Tryno Maldonado, Geney Beltrán y Jaime Mesa, por mencionar sólo aquellos cuyo trabajo he admirado. Como al parecer esta generación, pese a estar poblada por muchos y muy notables poetas y ensayistas, se comienza a consagrar en la narrativa, ha emergido ya una antología de cuentistas elegidos con un sistema de delegados y recomendaciones que por un motivo raro me recordó el procedimiento del Congreso en su elección de consejeros del IFE o de los interlocutores en el debate petrolero. Y ciertamente existen narradores de primerísimo nivel: Bernardo Fernández es, sin duda, uno de los talentos literarios más interesantes de México en los últimos veinte años, Alain-Paul Mallard uno de esos escritores raros y brillantes de la estirpe de Efrén Hernández y Francisco Tario y Guadalupe Nettel una escritora que parece desmarcarse decisivamente de los encasillamientos de género que han plagado a la literatura mexicana. También existen algunos fenómenos criticables que se han detectado. Rafael Lemus ha señalado con razón la dificultad que tienen muchos escritores identificados con la traída y llevada "generación" en escribir convincentemente sobre México. A esto agregaría además que existe un trabajo todavía sobrado con la prosa y un afán experimentador que rebasa todavía la arquitectura novelística. Pienso, por ejemplo, en Musofobia, donde el claro talento de Jorge Harmodio se ahoga en cierto exceso de la forma.
Una vez hecho este análisis, creo necesario enfatizar lo que me parece el problema más importante de todo esto, lo cual se puede resumir en una pregunta: ¿Cuál generación? Mejor dicho, me parece sumamente cuestionable que sigamos usando un concepto tan anacrónico como generación.
La popularización de este concepto en la historiografía literaria latinoamericana vía Ortega y Gasset, sumado a la formación de grupos culturales definidos por el término (como el 98, el 27 o los Contemporáneos mismo), perteneció a una cartografía cultural radicalmente distinta a la actual. Cuando Jorge Cuesta y compañía publican un manifiesto generacional como la Antología de poesía mexicana moderna existía un sentido de operación cultural que el concepto actual, mera categoría cronológica, no transmite.
Aunque ha tenido larga vida, me parece que la validez de la idea de generación, sea en términos de los 15 años orteguianos o la clasificación en décadas preservada por antologías como Dispersión multitudinaria o Grandes Hits, murió con la publicación de Las corrientes literarias en la América Hispánica de Pedro Henríquez Ureña, cuyo enfoque sociohistórico planteó otro tipo de entendimientos en la literatura. En esta vena, creo cada vez más que, en la línea inaugurada por el maestro dominicano, deberíamos pensar más en términos de genealogías que de generación.
Ciertamente, aparte de la fecha de nacimiento, no veo ningún punto en común entre, por ejemplo, la gozosa narrativa de José Ramón Ruisánchez, la policiaca de Martín Solares y la exquisitez cosmopolita de Alain-Paul Mallard o Ximena Sánchez Echenique. Sin embargo, si pensáramos en términos de tradiciones de la literatura mexicana, sería interesante pensar a Ruisánchez de manera paralela a otros humoristas como Hinojosa o de los momentos más experimentales de la Onda; a Solares como descendiente de la tradición de la novela negra y estricto contemporáneo de Juan José Rodríguez; a Mallard con las tradiciones más oscuras del modernismo mexicano o a Sánchez Echenique como una visión externa de la narrativa personalista de la narrativa femenina de los ochenta. Esto, creo, haría más justicia a los autores.
Asimismo, me parece muy claro que la existencia y reproducción de la idea de "generación" se debe a varios vicios culturales que urge desterrar de la literatura mexicana.
Listo algunos:
1. La necesidad de encasillar escritores en una jerarquía cultural donde el seniority adquiere demasiado peso.
2. El intento de entrar en una noción de "escritor mexicano" que ya no es operativa. Tenía sentido ser una "generación" cuando se dirimía si el derrotero de la narrativa mexicana debía ser la "Onda" o la "escritura". Con la gran variedad de producciones legitimadas en la escritura mexicana de nuestros días, estas coincidencias y divergencias carecen de sentido.
3. La noción de "generación" es proclive a intentos de consagración que, como Grandes Hits opera más sobre consideraciones institucionales que literarias. Si el libro fuera representante de una visión idiosincrática de la nueva escritura mexicana tendría una legitimidad mayor que en su encarnación actual de definidor de lo "más representativo" de la generación.
4. Relacionado a lo anterior, todo debate sobre una generación deriva en dos cosas: una anodina pelea en torno a las inclusiones y exclusiones de las distintas listas y una definición arbitraria de características en común que varía de manera caprichosa en función a lo que el crítico en turno a leído.
5. Last but not least, la noción de "generación" tiende a privilegiar un género sobre otro. La ausencia de la poesia en el debate actual y del ensayo y el teatro en prácticamente cualquier debate deja claro este punto.
En fin, espero que algún día los críticos literarios y los escritores superemos la etapa oral de las "generaciones" y empecemos a pensar más en serio las nuevas literaturas mexicanas.

2 comentarios:

Ignacio dijo...

Hola Jaime
Gracias mil por el post. Presentamos, si te interesa, la nueva novela de Joserra Ruisánchez el 26 de junio en Profética. Mientras tanto, recibe mi admiración por tu excelente novela y un abrazo.
Ignacio.

A Ramos dijo...

Hola Jaime, no es la primera vez que ando por acá, pero gracias por el link.