miércoles, 29 de febrero de 2012

Sobre "Pisot" de Isaí Moreno (Malaletra, 2011)


* Nota sobre la novela "Pisot" de Isaí Moreno.

“No son tantas las estrellas”

Jaime Mesa

Antes que nada, una advertencia de San Agustín, contenida en este libro que hoy presentamos: “el buen cristiano debe tener cuidado de los matemáticos y de todo aquel que haga profecías vanas”.

Pisot cuenta la historia del transcurso de un deseo.

Inicia en un tiempo muy lejano cuando la ciudad de México era un “nido de víboras y delincuentes” y cuando Policarpo de Salazar, antihéroe primario, pronuncia durante su niñez, con voz débil pero segura: “Sé cuántos resuellos dio antes de morir”, luego de contemplar la muerte de su padre.

Dos siglos después, en el México actual, un profesor universitario de nombre Marino prolonga ese deseo sucumbiendo ante el poder de la máquina. Si Policarpo había externado el horror ante la posibilidad de que un artefacto desplazara al hombre, Marino, inmerso en un mundo digital, mecánico y electrónico es víctima de ese demonio encarnado en el cero y en una pantalla de computadora.

Regresemos un poco, Policarpo de Salazar, relojero, calculista y asesino, desarrolla una predilección por lo verdadero, es decir, por los números. “El número se toma de la realidad no de los espectros: hay que salir a las calles por ellos para que sean de verdad”, dice el narrador de la novela. Así, Policarpo busca implacablemente el reflejo de la realidad, la confirmación de que algo, no imaginado por el hombre, no irreal, existe, tal como el Everest, o el Popocatépetl, que está ahí sin importar que el hombre ni su inteligencia lo resuelvan. El número, entonces, no se resuelve, es. Y sólo es capaz de asirse con el encabalgamiento de esos signos que sólo describen algo que ya estaba. Dice el narrador: “La mayoría de los atascos insolubles se encuentran no en el mundo real de la materia: los hallamos en el mundo de las ideas”. Y se revela después: “La Matemática, es decir, el conjunto de todas las matemáticas, surgió, no cuando el hombre adquirió la capacidad de abstraer el número. Lo hizo cuando éste comprendió la recurrencia de algunos fenómenos, cuando podía asegurar que al día seguía la noche, la noche el día, al día la noche y así sucesivamente.” Entonces, la búsqueda de Policarpo, como la mayoría de las grandes búsquedas, como aquel trineo del viejo Ciudadano Kane, es por la recuperación de la infancia, de la inocencia, quizá, único elemento inamovible y permanente en el ser humano. Con la búsqueda del número, esa presencia eterna, Policarpo trata de recuperarse.

“Cuando aprendí a contar”, dice el narrador, “los números me maravillaban. Entonces era inocente”. Ese descubrimiento genera en Policarpo la sensación, siempre perversa, de control. “Los ojos de Policarpo brillaron con la satisfacción enferma de los tiranos, cuando comprueban la extensión de sus dominios y su poder implacable para subyugar a las multitudes. De esta forma, Policarpo encuentra en la consecución de los resuellos y estertores de los moribundos una forma de contar la disolución del tiempo y, en consecuencia, de la muerte. Así, el relojero experimentado (quien ha construido un reloj que camina al revés para tener la ilusión frágil de que el tiempo no se evapora) comienza a sembrar su idea en la muerte de varias personas. Lo que nosotros llamaríamos “asesino serial”, un término moderno, en Policarpo se convierte en una demostración científica, como aquellos iniciales hombres de ideas que, a falta de recursos tecnológicos, usaban al mundo para experimentar.

Pero toda soberbia encuentra, siempre, una tiranía mayor.

De León, mentor de Policarpo, le muestra la puerta del infierno, el número mágico, buscado por culturas y generaciones, un número imposible por, visto en sus decimales, infinito, el 3.1415929… que posee exactitud hasta la penúltima cifra escrita. Le da una tarea imposible en la eternidad de los decimales: “No se puede lo imposible”. Con esfuerzos, el relojero asesino y calculista: “Pretendió atrapar un número cuyas décimas danzaban macabramente y se le esfumaban”. Su búsqueda termina con esta sentencia: “Todo era un ardid de la realidad: lo inmediato palpable se burlaba” y confirma: que quizá la geometría engaña y sólo el huracán es verdadero”. El colmo de este adversario (que es, como se ve una idea, una idea obsesiva) es la aparición de la Rueda (que pretendía avergonzar al hombre, sustituirlo en las tareas de la muerte: cambiaba los órdenes de lo existente, y desmembraba la perfección.), una máquina que podría ser capaz de calcular como ningún humano antes, incluso más que Policarpo, y matar el número infinito. La lucha consecuente de Policarpo, entonces, es contra la máquina, una metáfora de los demonios del progreso y la tecnología.

Con la máquina, la Rueda, Isaí Moreno emprende un juego con esa idea muy actual y de moda de que quien es dueño de una máquina, una computadora de última generación, una cámara fotográfica, por ese mero acto, es dueño, también, de todo el conocimiento que otros hombres, o la historia de la humanidad, han tatuado en la confección y uso de esos objetos. Ese mito que permite ventas multimillonarias y sueños macabros de posesión y conquista y que arrebata a las percepciones inocentes y engañadas la conciencia de que la máquina, aún un hermoso Iphone con Instagram, es inútil sin la mirada de un hombre sensible. Ningún ojo o inteligencia cultivada es capaz de, por ejemplo, arrebatar un poco de vida para plasmarla en una fotografía. La mirada o el lente. El cerebro o la tarjeta madre.

Aquí es donde se insinúa la conexión entre Policarpo y un moderno Marino. Y que uno, este último, es consecuencia del otro. Marino, profesor de matemáticas en la facultad, poseedor de otros miedos, pero con una noción primordial: “La máquina es la mediadora entre el hombre y los objetos abstractos”. Como con Policarpo, el hallazgo de este “hombre peligroso” y las insinuaciones de más asesinatos, nueve, en la búsqueda de una confirmación basada, de nuevo, en el número, trae consigo una nueva carrera para apaciguar la obsesión. El asesinato miente, la muerte es irreal; sólo el número es verdadero parecen decir con sus actos ambos personajes. Aunque no sé de números, ya me corregirá el autor, Policarpo parece tenerle miedo a la totalidad, a una máquina que logre resolver el enigma; y Marino, por su parte, parece aterrado con el enfrentamiento al cero, es decir, el vacío. Uno y otro, entonces, le temen al infinito.

Lo que creyó destrozar Policarpo fue encontrado por el narrador de la historia (un personaje anodino, preocupado, éste sí, por el amor y el desamor: de ahí su calidad de verdugo y príncipe valiente) y otorgado a Marino como venganza numérica: el cero imposible terminado en más números. El aterrador final demostrado con la presencia de un signo “crucial, sorprendente, monstruoso”, uno de los números de Pisot. El fin posible de lo infinito. Y quizá con eso, yo haya dicho una blasfemia matemática.

La novela de Isaí Moreno, gracias a la era digital, no termina en el FIN rupestre de la literatura en tiempo del papel. Acaba con una liga hipertextual a una página que muestra el “Número de Pisot”, que lleva a Marino a la gran pesadilla, el maligno poseedor o continuador o depositario de la locura de Policarpo.

La broma es que, si se consulta dicha página, se puede ver un anuncio estrambótico: “esta es documentación de un producto obsoleto, consulte el centro de documentación para la información más reciente”. Una vez ahí, siguiendo la instrucción, llegamos a un buscador, espacio infinito, como los ceros, fuente del vacío universal de la era informática, en el que cotidianamente tecleamos en busca de información que confundimos con conocimiento; y al certero botón de “búsqueda”. Entonces, el juego, vuelve a empezar.

Sólo quiero decir que teclee Pisot y obtuve 76 resultados. / 7 y 6 resulta en 13. No sé realmente qué signifique eso.

* Compra la novela aquí.


miércoles, 15 de febrero de 2012

La novela Rabia en e-book


De la promoción de mi novela Rabia (Alfaguara 2008, 2010) en e-book dentro de la colección Alfaguara Digital de 100 títulos (y otras versiones):

Alfaguara España, donde se puede descargar el primer capítulo: Aquí.

En Mercado Libre donde se puede comprar a doce mensualidades de 11 pesos: Aquí.

En Busca Libros, donde se puede comprar importada en ¡$947.11!: Aquí.

Y en Casa del libro, donde cuesta 10 euros: Aquí.

sábado, 11 de febrero de 2012

Richard Billingham: fotógrafo favorito de la semana


RAY’S A LAUGH

"It’s not my intention to shock, to offend, sensationalise, be political or whatever, only to make work that is as spiritually meaningful as I can make it- whatever the medium."

"I was living in this tower block; there was just me and him. He was an alcoholic, he would lie in bed, drink, get to sleep, wake up, get to sleep, didn’t know if it was day or night. But it was difficult to get him to stay still for more than say 20 minutes at a time so I thought that if I could take photographs of him that would act as source material for these paintings and then I could make more detailed paintings later on. So that’s how I first started taking photographs."

Leer más del artista...

martes, 31 de enero de 2012

La generación de la crisis, por Alejandro de la Garza en Nexos

"El alfabeto del crimen, las perversiones, las patologías, el extrañamiento. En esta narrativa persiste la inclinación por las novelas noctámbulas y criminales (Juan José Rodríguez), pero escasean los temas de política nacional o local y las novelas de indagación histórica. Hay ejercicios novelísticos sobre la rabia, combinada con la enajenación ante la tecnología informática, para mostrar pleno dominio del género (Jaime Mesa); juegos oscilantes entre el cómic, la novela gráfica y la ciencia ficción (Bernardo Fernández); indagaciones en la locura, la ciencia, los hospitales psiquiátricos y los comportamientos patológicos (Bernardo Esquinca); exploraciones de una sexualidad perversa, masoquista y retorcida, de abuso y violencia (Alberto Chimal). Hay parodias de los distintos ámbitos de la realidad nacional, de la mezquina rutina oficinesca o del medio cinematográfico (Antonio Ortuño). Novelas de realismo y lenguaje duro, visiones crueles y canallas de personajes de ambas fronteras y del fenómeno de la migración y el tráfico de personas (Nadia Villafuerte). Sátiras del ámbito literario, de las ambiciones, becas y aspiraciones de los escritores; burlas y desprecio a la mercadotecnia editorial (de la cual se benefician). Búsquedas de un lenguaje capaz de reflejar el presente (Emiliano Monge), personajes en espera de la alteración de su rutina desesperanzada y envilecedora (Bibiana Camacho), y logrados delirios del lenguaje capaces de fundar una geografía neonorteña (Carlos Velázquez) o de recorrer ese otro norte mediante una road-novel (Antonio Ramos). Hay reconstrucciones de la infancia (Alain-Paul Mallard), relatos sobre el doble y el distanciamiento (Mayra Luna), sobre el aislamiento, la marginación y la presencia ominosa de un ser dentro de nosotros (Guadalupe Nettel). Novelas de estructura flexible entre el blog y el relato (Jorge Harmodio), sobre una plaga de ratas producto de un experimento genético (Gonzalo Soltero) y relatos misteriosos, de presencias acezantes e insatisfacciones vitales por internet (Luis Jorge Boone)."
El texto completo aquí.

martes, 10 de enero de 2012

"El grito eterno" en Nexos


Aquí mi colaboración para Nexos: El grito eterno.

"Estoy casi seguro que fue BEF, en la mítica revista Complot, quien me dejó la noción de que la televisión está diseñada para ser un poco más tonta que el promedio de la población. De ahí todas esas victorias ingenuas de varias generaciones que le gritan al aparato catalizador de canales tontos que transmiten programas tontos. El Otro, entonces, siempre está equivocado..."

jueves, 5 de enero de 2012

"No existe una generación de escritores mexicanos nacidos en la década de 1970"



"Si algún rasgo ostentan en común es su desconfianza por el concepto de generación", dice Roberto Pliego en su columna "Otros puntos cardinales", publicada por Nexos. Enseguida pasa revista a algunos títulos y autores de la llamada, de muchas formas, Generación Inexistiente, No Generación, Generación Atari y demás.

"Arriesgo una lista en riguroso orden alfabético: Orfa Alarcón, Luis Jorge Boone, Fernando de León, Rubén Don, Bernardo Esquinca, Bernardo Fernández, Agustín Goenaga, Rogelio Guedea, Jorge Harmodio, Julián Herbert, Paulette Jonguitud Acosta, José Mariano Leyva, Luis Felipe Lomelí, Brenda Lozano, Mayra Luna, Jaime Mesa, Emiliano Monge, Guadalupe Nettel, Antonio Ortuño, Gerardo Pina, Antonio Ramos Revillas, Ximena Sánchez Echenique, César Silva Márquez, Gonzalo Soltero, Daniela Tarazona, Gabriela Torres Olivares, Magali Velasco, Carlos Velázquez, Nadia Villafuerte, Juan Pablo Villalobos. Nacieron en las décadas de 1970 y 1980 y son narradores. Muchos de ellos han sido premiados, becados, promovidos por el Estado editor. Unos cuantos pasean ya sus libros por España, Inglaterra, Chile, Argentina. Son huéspedes de casas pudientes, del Fondo de Cultura Económica, Conaculta, Random House Mondadori, Alfaguara, Tusquets, Planeta, Sexto Piso, Almadía. Reniegan del espíritu de grupo. Defienden con elocuencia su exclusiva particularidad, su tenaz individualidad. Son mexicanos, son preferentemente del norte y del centro del país y parecen anunciar el arribo de imitadores y seguidores que amenazan multiplicarse como gremlins (continúa)"


viernes, 23 de diciembre de 2011

Cuento Retribución para los corazones rotos en Letras Libres


Este cuento fue escrito por entregas para el blog de Letras libres.
Se llama "Retribución para los corazones rotos" y está inspirado en una historia de Pedro Ambriz que me contó su hija.

Televisión, ¿la permanencia voluntaria? en Nexos


Aquí mi texto para Nexos. Hablaré sobre la televisión y sus demonios pero, también, sobre sus ángeles. Esta es la primera entrega.

Playlist para azotarse


Pues aunque podría funcionar bien para el último día del año, lo pongo de una vez. Apareció en el blog de Letras Libres en octubre. Aquí, una propuesta de una lista de canciones para recibir el azote.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Hoy se murió Daniel Sada...

Este viernes y este sábado se murió Daniel Sada.

Mi amigo, mi padre, mi maestro... y no hay palabras... Nada. Por eso pongo este poema que siempre recitaba a la menor provocación. Sólo eso.

Imitación de Matsuo Basho

José Watanabe


Fuimos rebeldes audaces. Yo lo convencí de la nueva moral que ni aun yo tenía, y huimos sin

ceremonia ni consentimiento. Ella trepó ágilmente a la grupa de mi caballo y así cabalgamos

hasta las primeras estribaciones de la sierra. Bordeábamos los poblados y con ramas

desgajadas íbamos cubriendo nuestras huellas. Nos detuvimos en una aldea cuyo nombre

alude a la contemplada limpidez del río que la atraviesa.

Había clara luz de la tarde cuando el posadero nos abrió la pesada puerta de palo. A pesar de

reconocer en él a un hombre sin suspicacias, le mentimos nuestros nombres. Le encargué una

buena habitación para nosotros y cuidados para nuestro caballo. Ella, azorada y hambrienta,

mordía a mi lado una manzana.

El cuarto era blanco y olía a resinas de eucalipto. Aunque ofrecido con excesiva modestia por

el posadero, allí hallamos seguridad. Desde el pie de nuestra ventana los trigales ascendían

hasta las faldas riscosas donde pastaban los animales del monte. Las cabras se perseguían

con alegre lascivia y se emparejaban equilibrando peligrosamente sobre las agujas rocosas.

Ella cerró la ventana y yo empecé por desatar su largo cabello.

Fuimos rebeldes y audaces. Sin embargo, ahora nos perdonan nuestras familias y nos

perdonamos nosotros mismos. Nuestro hogar ha sido tardíamente consagrado. Eso es todo.

Nunca traicioné otras grandes verdades porque quizá no las tuve, excepto el amor que me

hizo edificar una casa, excepto el amor que nunca debió edificar una casa.

A veces pienso cabalgar nuevamente hasta esa posada y colgar en su puerta estos versos:

En la cima del risco

retozan el cabrío y su cabra

Abajo, el abismo.

(De El huso de la palabra)