martes, 19 de agosto de 2008

Writers' rooms: Adam Thirlwell




I'm surrounded, it turns out, by as many writing tools as possible: laptop, typewriter, notebooks, file cards, pens. I hadn't quite realised this multi-functional obsession. I tend to take notes on notebooks (always the same pens, the same notebooks). Some notes are copied on to file cards. At other times I just write straight on to the laptop - always distracted by my intermittent attention span and the temptations of the internet.


The Olivetti typewriter on the desk was given to me by my girlfriend. I'm still trying to improve my typing to use it properly. Its matching red case is under the table - beside another portable typewriter (black): a Remington from the 1930s, which I bought in a flea market before I'd noticed that neither the W nor the cylinder worked. The original Remington advertising claimed that it was so light a child could carry it. This isn't true.


The day bed isn't a present from my girlfriend: instead, I've appropriated it from her. I used to like marinading on it - a form of thought akin to snoozing - but at the moment it's blocked by the manuscript of a new translation of Victor Hugo's mammoth novel Les Misérables, which I'm writing about. So no snoozing, or thinking. Beside it is a tourist map of Paris, which I'm using to help plot my way out of the miserable pile of paper.


There are two loved books, both presents, on my table: the first British edition, 1947, of Vladimir Nabokov's book on Nikolai Gogol; and the first edition, published in Paris in 1929, of a collection of essays organised by Joyce on Finnegans Wake. They must represent some form of talisman, I suppose, but talismans of what, I don't quite know: my imaginary friends.


There are books all round the room on the floor because we're renting this place for a short while (which also explains the absence of pictures). But I like the improvised bareness. The books form an impromptu skirting board, its literary double. The pewter hip flask, from my sister, is empty.


Adam Thirlwell

lunes, 28 de julio de 2008

De Vértigo al blog

El periodista y crítico literario Héctor González tiene este blog.
Desde hace tiempo Héctor González ha dedicado su tiempo y su espacio en la revista Vértigo para reseñar algunas de las novelas de la generación de los setenta. Ahora ha seleccionado algunos fragmentos de sus reseñas y los incorpora a su blog.
Posteo una de las entradas donde hace alusión a esta serie de reseñas:
"Desde hace unas semanas me propuse dedicar mis horas de lecturas a los escritores mexicanos nacidos en los setenta. Llevo poco más de un mes dedicando mis columnas en Vértigo, a estos autores: Emiliano Monge, Gonzalo Soltero, Guadalupe Nettel, Jaime Mesa, Jorge Harmodio y por su puesto, la antología Grandes Éxitos de Tryno Maldonado. Anteriormente he publicado comentarios sobre libros de Vivian Abenshushan, Bernardo Esquinca, Rafael Lemus, David Miklos y Heriberto Yepez. A mi juicio son pocos los que en verdad valen la pena. Poco a poco, iré reproduciendo aquí algunos de mis comentarios. Por cierto, la 'polemiquita' con este tema que se ha visto y leído en mino foros de intelectualoides, da pena ajena."

viernes, 11 de julio de 2008

"Más libros jóvenes"

"Más libros jóvenes" dice el escritor Antonio Ortuño en su columna "El libro negro" que se publica en Milenio.
Menciona a 2008 como el año en que más autores nuevos han aparecido en las editoriales. En 7 meses 7 autores bajo sellos que van desde Sexto Piso, Tusquets, Mondadori hasta Alfaguara. Y la reaparición de otros, al menos, 4 autores. Todos de la generación de los nacidos en los 70.
¿Bueno, malo? Qué importa.
La discusión, ahora, se ha centrado en dos posturas muy características: en la de Rafael Lemus, externada en la mayoría de los ensayos, reseñas y artículos que ha publicado donde, acertadamente, señala una mediocridad latente en nuestra generación que, piensa, puede ser remediada con exigirle más a los autores "aquí y ahora" postulando la innovación y experimentación como pruebas de buena salud; y la postura de Geney Beltrán que, sobre todo, en un reciente ensayo publicado en Nexos ("No narrarás") deja claro que "la literatura 'duradera e indeleble' es la que, más allá de su técnica experimental o clasisista, asume el riesgo y se compromete a formular esas preguntas que sugieren inquisiciones de conocimiento en quienes la leen".
Yo tomaría lo mejor de ambas posturas: que sí, que impera una mediocridad letal, y que cada quien escriba como quiera y de lo que se le dé la gana pero que lo haga bien.
Pongamos, quizá, que la primera década del siglo XXI es la de tomar posiciones. Está bien, ya llegaron unos 30 autores de los 70. La primera década nos trató bien, ajá, en ella publicamos nuestras primeras obras y otros están ya a un paso de consolidarse. Digamos que en 2009 y 2010 llegarán otros y quizá cerremos la primera década con, arriesguemos, 70 autores. Lo bueno vendrá en 2011 y los siguientes 50 años. Ahí nada más que los buenos libros hablarán.
Lo demás, esto, será entonces relleno de blogs. Mientras tanto vamos a seguir inaugurando el siglo. ¡Qué lujo!

jueves, 3 de julio de 2008

"Historias para un país inexistente"

Debo decir que cuando escribí el texto: "La generación inexistente" que apareció en el suplemento "Laberinto" tenía en mente un ensayo publicado por Geney Beltrán Félix en la revista Blanco Móvil en el invierno de 2004-2005. Me entusiasmó que alguien hablara así de la literatura mexicana y, además, hablara así de Nosotros (los nacidos en los 70), ese nosotros que tan cínicamente usé en el texto de "Laberinto" y que, de entrada, era una paradoja porque, entendí, ese "Nosotros", en esta generación sólo es un "Yo" solitario.
Geney fue el primero, o de los primeros en definir un cierto espacio, un cierto tiempo y a un cierto grupo de escritores que estaban ahí, iniciando: "el principal o quizá único rasgo común a la amplia Generación de la Crisis, la No Generación de escritores nacidos a partir de finales de la década de 1960 es la constatación de que es ésta una tierra huérfana".
Con Geney nacieron mis dudas sobre el inexistente "Gran Tema Mexicano", sobre los temas que estábamos escribiendo y sobre quiénes éramos nosotros y a qué le teníamos miedo. Por supuesto que las raíces de "Generación Inexistente" tienen que ver con las ideas de "un país inexistente".
Luego vino el texto de Rafael Lemus en Quimera (aparecido también en "Confabulario"): "Aquí y ahora"; después mi texto en "Laberinto" y al final la antología de Tryno Maldonado Grandes Hits, Nueva Generación de Narradores Mexicanos, que en el prólogo arriesga otras características, otras señas de identidad. Y empezó el alboroto.
Son cuatro intentos de definirnos, de hablar de nosotros, de lo que nos preocupa, ante la catarata de libros de los "nacidos en los 70". Pero, todo ese interés, hay que decirlo, provino de uno de los mejores ensayistas (por ahorrarnos los problemas que sería decir "el mejor") de la generación: Geney Beltrán.
Todo lo que acabo de escribir es pertinente porque Geney acaba de recuperar en su blog el ensayo iniciático de las últimas discusiones, de las últimas reflexiones sobre la literatura mexicana escrita por el "relevo".
Habría que pensar que falta una cuña: que algún autor serio de una generación anterior revise esta nueva cartografía, que los cuatro hemos propuesto, y diga su punto de vista.
Celebro la vuelta al blog de ese ensayo de Geney y pongo el link para que vuelva a leerse: "Historias para un país inexistente".

lunes, 30 de junio de 2008

"Como se olvida todo en París"

El 22 de enero de 1930 Iréne Némirovsky, luego de la publicación de David Golder, su primera novela, y del tremendo éxito que siguió, le escribió a una amiga lo siguiente:
"¿Cómo se le ocurre suponer que pueda olvidarme de mis viejas amigas a causa de un libro del que se hablará durante quince días y que será olvidado con la misma rapidez, como se olvida todo en París?"

viernes, 27 de junio de 2008

"Estamos tan enfermos de lo mismo"

El 26 de junio de 2008 el novelista Jorge Harmodio escribió esto en su blog:

"Extractos del blog de Azorín (intitulado El Escritor): 'El estilo es una cosa y el tono es otra. El estilo puede ser correcto y el tono inadecuado. ¿De qué modo se consigue el tono en el libro? Nadie podrá decirlo. / Goethe es quien señala como distintivo inconfundible del artista esa cualidad: la inquietud [...] El estilo es la fuerza vital. Hay escritores que creen que tienen estilo y no tienen fuerza vital. No son, por lo tanto, escritores. Nos dan una vida ficticia. Nada que no sea vivo puede perdurar. [...] Del libro de Dávila, descartada la virulencia, quedaba lo que debía quedar: una afirmación de vida, un alarde de fuerza [...] Hay dos clases de nombradías: las hay horizontales y las hay verticales. Las hay en extensión y las hay en profundidad. ¿Cuál será la de Dávila? Los que gozan nombradía en extensión ven su nombre y sus obras aplaudidos por todos [...] Los que gozan de la nombradía en profundidad apenas y la gozan. El área de su prestigio es muy corta. Han de sobreponerse a sí mismos, a sus desalientos, a sus caídas, para proseguir en su obra. El público los ignora. Aun la crítica independiente los discute. En cambio, si no gozan de un extenso público ahora, su obra irá perforando el tiempo profundamente y pasará cada vez más estimada, de generación en generación. ¿Cuál será el prestigio de Dávila y el destino de su obra?'
Nombradía: un plato de lentejas. Tras publicar su primera novela, Hiponarciso adquirió alas editoriales y voló el icariano vuelo del ego: quince minutos: Ícaro.Warhol: vuelo que no da nada: peor es la caída: el regreso a la realidad: me tomó un mes dejar de buscarme en google, dejar de yuxtaponer Musofobia y Harmodio para embarrar un par de pupilas enfermas en lo que se dice de mí: cortesano perfecto para tan poca nombradía disponible. ¿Quiénes son mis Dávilas? Jaime Mesa (Rabia), Vicente Alfonso (Partitura para mujer muerta), autores de novelas que salieron al mismo tiempo que la mía: novelas que comparten la pista de galgos con Musofobia: estúpida carrera en pos de ese pan bendito de los escritores: la nombradía: ¿quién pasará primero la aduana de Rafael Lemus, por qué Rabia lleva tres semanas entre las más vendidas y no Musofobia, por qué Vicente Alfonso tiene más hits en google que Jorge Harmodio? / Así se te van las horas, desperdiciándote con el ratón en la mano y los ojos colgados de esos guarismos del google de los que pende y depende tu existencia: google es tu fetiche medidor de nombradía. / Y afuera la realidad: el trabajo: un sistema de resumen automático que avanza a trompicones, una campaña de evaluación donde tu sistema de resumen correrá otra carrera de galgos (ésta científica: aunque la monombradía se vista de ciencia, monombradía se queda), ésta en pos de otras estadísticas, de otros podios todavía más lejanos: aquí el premio es el pan de cada día. / No escribes, apenas trabajas: finges. El contrato se acaba en noviembre y el desempleo te tiene muerto de miedo. La publicación se acabó en mayo y retomar la pluma te tiene muerto de miedo. El posible regreso a México te tiene muerto de miedo. Y a tu lado sientes la estela de los galgos que te rebasan: el premio es un plato de lentejas."

miércoles, 25 de junio de 2008

Coda/alka-seltzer

Dice Rodrigo Fresán: "Cualquiera que frecuente las páginas o pantallas del periódico inglés The Guardian sonreirá cómplice si se pronuncian las palabras The Digested Read. Porque The Digested Read es la columna que heredó John Crace y que John Crace ha hecho famosa con su sabia y juguetona y talentosa y flemática maldad."
Aquí una selección de Fresán de las codas que escribe Crace en sus controvertidos trabajos de crítica literaria:
* El Triunfo del estilo sobre la sustancia (Nunca me abandones, Kazuo Ishiguro).
* Mc Cruel nos ofrece una McCajita Feliz (Sábado, Ian McEwan).
* Brillantemente escrito, altamente selectivo y episódico retrato de una vida pensada pero apenas sentida (Experiencia, de Martin Amis).
* Las respuestas siguen flotando en el viento (Crónicas, Bob Dylan).
* Una historia moderadamente lograda con básica habilidad (Una historia conmovedora, asombrosa y genial, Dave Eggers)
* Tan irritante, tan pretencioso (Tan fuerte, tan cerca, Jonathan Safran Foer).
* Un paseo por Manhattan tan mortal para nosotros como para el protagonista (Cosmópolis, Don DeLillo).

sábado, 21 de junio de 2008

"¿De dónde viene la nueva literatura latinoamericana?"

“La respuesta es sencillísima. Viene del miedo. Viene del horrible (y en cierta forma bastante comprensible) miedo de trabajar en una oficina o vendiendo baratijas en el paseo Ahumada. Viene del deseo de respetabilidad, que sólo encubre al miedo.”
Roberto Bolaño

martes, 17 de junio de 2008

"Ya no voy a trabajar"

El 15 de junio Gonzalo Soltero posteó un comentario y un link a la página de Carlos González Muñiz quien, entre otras cosas, lleva "heroicamente a La Cifra, editorial independiente que ha lanzado textos tan buenos como Las sombras errantes de Pascal Quignard y Máquina Hamlet de Heiner Müller".

Es digno de leerse, sobre todo para aquellos que por estos días estén pensando dejar sus trabajos.

viernes, 6 de junio de 2008

Definición inexistente

El martes 27 de mayo de 2008 el periódico El Universal, en un llamado de portadilla, arriesga una definición de la generación inexistente:
CULTURA:
Lea cómo es la generación de los 70. Conozca la llamada Generación de Escritores Inexistente. Está integrada por escritores en el proceso de construcción de su obra. Ellos buscan la presencia de lo inexistente. Son una camada de nacidos entre 1970 y 1979, con más diferencias que coincidencias. Esos jóvenes que escriben desde la rebeldía y la radicalidad, que prueban todos los géneros literarios con temas donde el humano establece nexos con la comunidad ante los cambios globales, no tienen un padre tutelar; ven a México con desconfianza, cinismo y sarcasmo y ha decidido publicar desde la periferia.