martes, 27 de enero de 2009

Muere John Updike



Recuerdo la clásica escena de un hombre casado que va a la tienda por cigarrillos y no regresa jamás. Leí la escena en Rabbit, run, la primera novela de Updike que tuve en mis manos. También recuerdo el momento en que Conejo deja caer a su hijo mientras lo baña y es testigo del ahogamiento. Ambas escenas son, ahora, leyendas urbanas. Y son nada más un par de muestras de la capacidad observadora de Updike que conocía la identidad norteamericana como pocos.

Recuerdo leer a Updike como si leyera a John Irving pero descubriendo una perspectiva más mordaz, más seca, más amarga.

Pienso, también, en la última novela que leí de él Terrorist y por hoy me guardo mi comentario.

El Conejo murió a los 76 años de cáncer pulmonar.

Ganó el Pulitzer dos veces.

3 comentarios:

JRLRC dijo...

Qué pena.
Leí la serie de Rabbit: me gustó, la disfruté. Yo llegué a Updike el novelista por las reseñas que escribía; después de un buen tiempo de ser lector del reseñista, me decidí a echarle un ojo a sus propias novelas, y terminé leyendo esa serie entera. A Updike también le dediqué tiempo por su visión y sentencias sobre el perfeccionismo (decía estar en su contra), tema que siempre me ha interesado; trabajando reflexivamente ese tema, trabajé con(tra) la idea al respecto de Updike.
Por cierto: tú que lo has leído, ¿le crees al Updike que habla contra el perfeccionismo? ¿Y tú qué posición tomas en cuanto al perfeccionismo?
Saludos,

José Ramón LRC.

Jaime Mesa dijo...

Querido José Ramón, sí le creo a Updike pero, como a cualquier artista, parcialmente. Hay casos de perfeccionismo o antiperfeccionismo que llegan al mismo fin: revelar algo de la condición humana, de nosotros mismos. Y cuando el artista logra hacerlo con eso me basta.
Digamos, Hemingway pecaba de perfeccionismo y es un extraordinario escritor. En cambio, su contraparte, Fitzgerald hacía verdaderos maquinazos descuidados, de una sola versión y al final tenía un cuento o una novela maravillosos. Hemingway, en este caso, tenía un doble malestar: su propio perfeccionismo y el, aparente, poco afán de perfección en Fitzgerald, que entregaba a la imprenta sus textos casi como los había escrito.
Yo no sé. Yourcenar habla de pozos negros en las obras literarias, y da cuenta de ellos por ser el momento donde se descubre mágicamente que un ser humano escribió esa obra. Es decir, que hay un error (una falta de perfeccionismo se podría decir). Y este error es capaz de darle grandeza a cierta obra literaria. Tampoco, aclaro, esto es una regla de oro.
¿Quién fue el que dijo: mi búsqueda de perfección me impide ser grande?
Yo creo que esto tiene que ver con cada artista. A veces es cierto, a veces no.
Particularmente yo escribo una idea durante 150 páginas o más. Cuando acabo ese borrador aún la siento inconexa. La dejo reposar y luego la retomo. Y de repente, luego de corregir, leer, volver a escribir siento un click y sé que lo que estaba escribiendo se convirtió en un libro. En ese momento me detengo y corrijo sólo los detalles, lo trato de dejar lo más limpio posible para el editor. Y ahí acaba mi trabajo.
Daniel Sada, un escritor que revisa una sola página durante un día, me decía que hasta Shakespeare es perfectible. Esta contradicción, creo, es el arte.

Saludos

José Luis Montero Lino, Yoko dijo...

Hola Jaime, leí tu libro, me gustó se me hizo muy bueno la personalidad y la situación en la que se sitúa. mi comentario está en mi blog
Saludos