domingo, 19 de agosto de 2012

Aviso: Hackeo a mis cuentas


Queridos amigos, es oficial: las cuentas de Facebook, twitter, y correos electrónicos de mi mujer y míos fueron hackeadas. No sabemos hace cuánto tiempo. Usando esa información han amenazado a través de correos anónimos a mi mujer y a mí pero sólo hasta este fin de semana recibimos capturas de pantalla y otra información personal que hacían explícito que desde hace tiempo un acosador o varios han estado en nuestras cuentas y, no sabemos, en nuestras computadoras.
 Habíamos decidido ignorar el acoso pero ahora nos damos cuenta de la amenaza real y peligrosa.
Denunciaremos esta semana y como primer paso me han pedido anunciar esto públicamente y pedirles que si tienen información, correos, o cualquier indicio de algo extraño que les haya llegado con el remitente de mi mujer o míos nos lo hagan saber.
Además, nos han sugerido mantener nuestras cuentas abiertas para detectar más ataques o si esa persona o personas aún están dentro de nuestro sistema.
Agradezco, también, cualquier contacto o información que tengan respecto a maneras de dar con el o los culpables.
Repito, esto no es una broma o falsa alarma.
Muchas gracias por la buena onda que siempre han tenido para con nosotros y, de antemano, agradezco su solidaridad.
Les pido disculpas por cualquier correo o notificación o suceso que hayan recibido por este hackeo.
Atentamente,
Jaime Mesa

martes, 14 de agosto de 2012

Similitudes entre Star Wars y Batman







Revisar los paralelismos con Star Wars (1977-2005) de George Lucas (1944) que tiene la trilogía de Batman (2005-2012) de Christopher Nolan (1970) sólo como ejemplo, como modelo de todas las convenciones que Batman maneja. Convenciones y Hollywood, de las cuales Star Wars es su cima y que Batman reelabora con el matiz, o la mirada, volcada hacia los personajes en lugar de trabajar los mundos como hace George Lucas.

Aunque, “Batman tiene una forma más sintética de presentar esto. Star Wars no tiene buenos personajes, lo interesante es su universo, sus mundos, todos, no sus personajes porque son tipos, estereotipos. El Batman de Nolan es de personajes, conceptos, hay evolución. Star Wars es maniquea y simplona”.
Esta forma y fondo, compararla con las referencias a Star Wars, que es la zona de confluencia (1977) de toda la cultura ancestral, mítica, religiosa, samurai, medieval, que disparó masivamente estas formas de conocimiento y las volvió, entonces, cultura popular.






Paralelismos entre la saga de Star Wars y la trilogía de Batman de Christopher Nolan

1. El mejor alumno (Bane) de una Congregación (Liga de las Sombras), o rebelde a ella, es expulsado por el maestro (Ra's al Ghul); Darth Vader por Obi Wan y Yoda.

2. La máscara y voz mecánica y eléctrica que alivia el dolor y emula el mal de Bane; y lo mismo en Darth Vader.

3. El Slave I de Boba Fett y El Murciélago, en la forma de despegue y vuelo.

4. Gatúbela, un personaje solitario, egoísta, material, convencido de salvarse se va para buscar sus propios objetivos, aunque le pidan quedarse para pelear. Sin embargo, al final regresa y salva a Batman y hace un comentario cómico. En Star Wars, Han Solo (personaje solitario, egoísta y material) se va y regresa para salvar a Luke en el último momento y que éste cumpla su objetivo (destruir la Estrella de la Muerte).



5. La primera pelea de Batman y Bane. En El Imperio contraataca pelean Darth Vader y Luke en un lugar elevado pero conforme avanza la lucha y uno se presume derrotado caen. Mientras Luke (o Batman) va perdiendo, Vader (o Bane) inician un discurso para demostrar su superioridad, física y moral. El discurso tiene como columna vertebral las sombras (Lado Oscuro) y el miedo. “Las sombras te traicionan porque son mías”, dice Bane.
Hay una diferencia, en Batman, el miedo es bueno, es fuente de la fuerza. Al contrario, en Star Wars, el miedo es debilidad y parte del Lado Oscuro.

6. Banes y Batman son guerreros que aprendieron un código de pelea y energía antiguos que los diferencia de los demás.

7. La aparición de la figura del Maestro como fantasma en una cueva o en una situación extrema para “dar un mensaje de fuerza”.

8. El fortalecimiento físico y mental, con lección moral y espiritual incluidas, que los llevará (a Bruce Wayne y a Luke) a completar la “prueba imposible” que los posibilita a alcanzar otro “estadio” de la mente y cuerpo que les dará la victoria: escalada del muro para Bruce Wayne; el infierno verde de Dagobah de Skywalker.




9. Esta es una curiosa coincidencia: Ra's al Ghul y Qui-Gon Jinn son interpretados por el mismo actor: Liam Neeson.
Qui-Gon tomó como aprendiz padawan al joven muchacho Obi-Wan Kenobi.
Ra’s al Ghul tomó como aprendiz al joven Bruce Wayne.

10. Otra curiosidad, la saga de Star Wars termina, por fin, en 2005 y la trilogía de Nolan comienza ese mismo año.


jueves, 2 de agosto de 2012

Literatura escrita por mujeres: Caja de Pandora




Curso: "Caja de Pandora", literatura escrita por mujeres que impartirá Paola Gómez
El 21 y 28 de agosto, y el 4, 11 y 18 de septiembre de 5 a 7 pm en Casa del Escritor, Puebla.

Se revisarán textos de:

Virginia Woolf (Relatos. Fragmentos de Una habitación propia.)
Marguerite Duras (Escribir)
Clarice Lispector (Lazos de familia “Amor”,  “Devaneo y embriaguez de una muchacha” y Crónicas escogidas)
Alejandra Pizarnik (Selección de poemas y fragmentos de diario)
Amy Hempel (Selección de cuentos The complete stories of Amy Hempel)
Miranda July (Selección de cuentos No one belongs here more than you)
Valeria Luiselli (Los ingrávidos)
Vivian Abenshushan (Ensayo escogido de Una habitación desordenada)


viernes, 22 de junio de 2012

Liquidaciones de Eduardo Sabugal (Tierra Adentro, 2012)

"Los protagonistas de este volumen de cuentos son víctimas de sus propias pasiones: lo mismo pueden traicionar a su mejor amigo por una mujer, provocar involuntaria y trágicamente la muerte de su oscuro objeto del deseo, que morder la piel de la amante hasta sangrarla. En Liquidaciones, la pluma de Eduardo Sabugal Torres nos entrega un retrato de las relaciones humanas sin concesiones. Lo que deseamos nos condena, pero al mismo tiempo, no seríamos nada sin nuestros apetitos. Vino, pulque, té, leche, café y whisky son los hilos conductores de los relatos, pero también metáforas de los distintos estados de ánimo que pueblan estas páginas. Cada arrebato parecería tener un líquido correspondiente, cada sentimiento su propio veneno."


jueves, 7 de junio de 2012

Despertar con alacranes, libro de cuentos de Javier Caravantes

Me da mucho gusto la publicación de este libro. A leer.

"La mayoría de los personajes que habitan este volumen de cuentos son niños y adolescentes forzados a abrir los ojos a la realidad. Ese despertar al que alude el título del libro no es otra cosa que la crueldad, la violencia y el desencanto del mundo en sus diversas manifestaciones: la religión y la pantomima de sus retiros espirituales, el acoso escolar y las oscuras venganzas de las que son capaces quienes lo sufren, el sangriento calvario de los inmigrantes en busca del paraíso, los absurdos planes de hacer dinero en el mercado de los comerciales televisivos o la frustración transmutada en impostura de los maestros universitarios; todos, ritos de paso que llevan a los protagonistas hacia el otro lado del espejo, donde los deseos se hacen añicos. Cada que te atrevas a soñar, parece decirnos Javier Caravantes, es mejor mirar entre las sábanas: puede haber un nido de alacranes esperando."

viernes, 27 de abril de 2012

La sonrisa de la desilusión


La vocación de ser feliz
(Texto sobre el libro de ensayos La sonrisa de la desilusión, Tumbona, Guillermo Espinosa)

Jaime Mesa

Desde hace algún tiempo la literatura en México se volvió una cosa seria que habla de cosas serias. De esta forma, el humor quedó excluido, pienso, por dos asuntos que se relacionan: el humor no es cosa seria porque estamos acostumbrados, por falta de pericia técnica e ignorancia dramática, a que el humor no sea una cosa seria.
           Me explico.
          Si en una escena, digamos un festín de la corona inglesa, justo cuando la reina se va a sentar, alguien le quita la silla, y la mujer real cae, el primer impulso es reír. Y en esto consisten la mayoría de los desplantes humorísticos de nuestra literatura, es decir, gags, pedacitos cuyo sentido inicia y se acaba en una anécdota chistosa o ridícula, una ocurrencia que se desvanece para encadenarse con otra y con otra sin mayor expansión. En cambio, si el escritor relata lo que sigue a continuación del accidente, lo que hay después de la “carcajada”, la incomodidad posterior de los comensales (por dios, la reina sigue en el suelo), el miedo atroz de los sirvientes y de quien retiró la silla, etcétera, lo que conseguirá, alejado de ese pedacito de humor, es el drama. La progresión dramática, el trastocamiento de una carcajada en una mueca de temor.
Pero conseguir esto, arriesgarse a trabajar esta progresión del drama requiere talento, oficio y conocimiento del alma humana. Así, estamos acostumbrados a un chiste por aquí, a otro por allá. Risas aisladas que entran en una categoría primaria que a los escritores les sirve para hacer más amena su historia, o lo que cuentan, antes de entrar a los temas serios.
No es gratuito, entonces, que Guillermo Espinosa declare entre sus autores preferidos a Laurence Sterne y su inigualable Tristram Shandy, o al Tom Jones de Henry Fielding; o que su educación literaria haya evolucionado en gran parte en Estados Unidos. Es decir, su tradición proviene de esas fuentes donde el trabajo del humor es una constante. Porque el humor, y esto lo saben los ingleses, pero también lo saben autores como David Foster Wallace, es una de las construcciones más inteligentes para protegernos, para evadir o para aceptar, entre otros, el miedo a la muerte. Y esto, el análisis y reflexión acerca de la muerte, o de los peligros que todos los días nos acechan, es revisar, por supuesto, una zona central de la condición humana. Este libro pertenece, así, a la estirpe de esos discursos narrativos que desde una aparente seriedad, y quizá por ella, desencadenan carcajadas y risas ante la conjunción o el sometimiento de “lo rígido” que se presenta como una caricatura de la seriedad, y no como su bandera. La sonrisa de la desilusión, entonces, se emparenta con el humor serio de los mejores escritores, del inicio del Tristram Shandy, cuando se presenta, con un tono serio y erudito, y luego descubrimos que no es más que un simple embrión antes de nacer.
Lo que ha construido Guillermo Espinosa en el libro de ensayos literarios La sonrisa de la desilusión es un artefacto de defensa personal. El mundo es salvaje y peligroso, parece decir entre líneas el autor, y declaro mis zonas de confort, y golpeo con un mazo mis filas y fobias, para salvarme de alguna forma. El miedo a los finales (la muerte, las rupturas amorosas, la edad adulta que destruye la infancia, incluso las mudanzas) es el gran tema de este libro. Su forma, es la exposición obsesiva de distintos motivos como la paternidad: “Quiero recuperar mi infancia de la única manera en que creo posible: en la de alguien más”; la culpa o el temor a Dios; o el motivo que los engloba a todos: la construcción de un mundo seguro, no cómodo, pero sí libre de peligros, dudas y crecimiento (que es otro nombre de la muerte). “Algo tienen las recetas que me tranquilizan”, dice Guillermo Espinosa. Durante todo el libro acudimos a la lectura de “frases matonas”, de sentencias, en apariencia hijas del sarcasmo, pero que se alejan del cinismo amargo de la mayoría de lo que se escribe hoy en día y que proviene de la desilusión y la desesperanza. La constante en este libro, también, es el optimismo, una ilusión casi alegre y tierna que le permite al humor deambular sin exageraciones o chistes de cuatro pesos. 
El autor tiene el conocimiento, y nunca lo oculta, de su propia fragilidad. Además, se sabe un ser obsesivo y neurótico. Y proclama en cada rincón la construcción de la estabilidad, divino tesoro, “extraño los matrimonios por conveniencia”, dice en alguna parte. Y mientras uno ríe con los argumentos que sostienen esa sentencia, entiende que detrás de todo aquello yace el miedo a la pérdida del amor, a su búsqueda, pero también a la necesidad de él. Si existen los matrimonios por conveniencia quizá la próxima vez no sufra tanto. A la frase hecha de: “vivieron felices y comieron perdices” Guillermo tiene la respuesta eficaz: “La frase es afortunada porque la felicidad puede radicar precisamente en eso: en un par de pollos fritos”. Y su impostada amargura, que es más bien una crítica certera hacia los aparatos artificiales de alegría, prosigue así: “La felicidad a ultranza, la capacidad de ver el lado bueno de las cosas, el no hay mal que por bien no venga, me llenan de escepticismo e incluso de indignación”. Son declaraciones inteligentes maceradas con la experiencia y la aceptación del dolor y del deseo de sobrellevarlo. De sobrevivir.
Eso sí, Guillermo Espinosa revisa todos los ángulos, no pide historias ñoñas o, si las pide, también está alerta a sus peligros. Dice: “La felicidad ha sido ascendida recientemente a derecho humano universal. Promulgadora de atrocidades cotidianas como el turismo, por ejemplo, o la vocación profesional; la expectativa de la gran felicidad nos orilla a una comodidad mediocre en la que esperamos su arribo sin riesgo”, este es el peligro de vivir una vida cómoda. Ese fragmento encierra la huída de la estabilidad pero sobre todo la necesidad de ella. Esa dicotomía que siempre ha hundido al espíritu humano. “A pesar de todo, tengo todavía la vocación de ser feliz”, dice trágicamente en otro momento.
Guillermo ha construido este libro hablando a cada rato del pasado, disfrazándose, casi, de un viejito aletargado con aquello de que “el tiempo pasado fue mejor”. La obsesión de Guillermo con su niñez es notoria, y ahí la memoria (esos rasgos confusos de lo que creemos saber) y el abismo de la infancia se conjuntan para tratar de fundar un lugar habitable, esos olvidos y aciertos de la mente y el recuerdo, crean de una manera falsa pero feliz, un escudo para vivir.
         El espacio desde donde Guillermo Espinosa crea este libro es la soledad, haciéndolo un laboratorio óptimo para la consecución de obsesiones y neurosis, “Estaba confinado a mi propio yo y eso, lo sabemos, hace que pensemos un poco de más y un poco más torpemente, sobre problemas bizantinos”.
         Desde esa soledad, desde la nebulosa de la infancia, desde esa declaración del yo no ficcionalizado (es Guillermo, Memo, siempre quien habla), La sonrisa de la desilusión logra un acierto mayor, trascender su individualidad para describir una zona, a un grupo de personas, con una cartografía en común: el miedo, la culpa, la necesidad de buscar confort y seguridad. De lo que habla, también, este libro es de gente que está llegando o ya llegó a la mitad de su vida. Es decir, de treintones melancólicos que se afanan en lo imposible: tener un final feliz.
           Es curioso cómo se lee este libro. Incluso el propio autor lo describe rumbo al final: en un libro de ensayos, casi siempre, el lector lee realmente al autor. No como en una novela, donde la etiqueta de “Ficción” hace creer que lo que sucede ahí tiene que ver con “otras personas” y que, si acaso, el novelista es sólo el catalizador, el filtro. En un libro de ensayos, esta distancia entre el narrador y el lector no existe y entonces un libro de ensayos es una autoconfesión firmada. No se puede leer de otra forma más que como “la verdad”, no una verdad, como en la ficción, sino como la verdad, en este caso, del autor. De esta forma, La sonrisa de la desilusión mezcla el ensayo de ideas con la literatura de la memoria, estas son “Las memorias trágicas y cómicas de Guillermo Espinosa”, donde el mundo ideal tiene un bar donde el cantinero sabe tu nombre.
Recuerdo una de mis primeras pláticas con Guillermo, cuando éramos más jóvenes, sobre el desarrollo, sobre todo la domesticación obligatoria de su fobia a volar. La dedicación con la que, con un sentido común trastocado, y con toda naturalidad, me platicaba su empastillamiento para no influenciarse por la conciencia de que podría morir o algo peor (siempre hay algo peor para un neurótico) predijo la existencia de este libro. 
Eso fue hace mucho tiempo. Y la hazaña, la feliz hazaña, es que Guillermo Espinosa haya conseguido un libro como ya no se escriben en este país: sin intelectualizar los temas, rodeado de un conocimiento amplio (pero discretamente expuesto) de la cultura popular y erudita, sí, pero sobre todo, basada en el conocimiento de las propias fragilidades que la infancia y el miedo nos han dejado y que nos convierten en lo que somos. Un libro cuya principal fortaleza es la declaración universal de la fragilidad y los medios que tenemos para combatirla. Y el humor, demuestra Guillermo, es una de las victorias pírricas más felices, que permite observar con cuidado los temas verdaderamente importantes para (esto aterrará a Guillermo) poder morir algún día en paz.


martes, 20 de marzo de 2012

Infomerciales: la televisión valiente (columna en Nexos)



"En los albores de la madrugada, cuando sólo los perros hablan y el twitter nacional está muerto, para no sentir que la casa está muerta (mi mujer, al ser persona serena y normal: duerme) prendo el aparato para escuchar y distraerme mientras escribo: para lograr la mezcla exacta de concentración y dispersión con la que se trabajan los buenos textos."




martes, 6 de marzo de 2012

Una forma de vida: Amélie Nothomb, la gran pregunta del siglo

La nueva novela de Amélie Nothomb ("Una forma de vida", Anagrama) me interesa porque emprende un trabajo con un tema fundamental para los narradores de este siglo: lo que se escribe, la ficción, resulta ser menos interesante (literariamente y vitalmente hablando) que los relatos de protagonistas-narradores que desde el lugar de los hechos, o ateniéndose a la memoria, "cuentan su propia historia".

En este caso, hay un trabajo con un soldado norteamericano en Irak que le escribe a "Amélie Nothomb" pidiéndole "un poco de comprensión" ante sus males.

La autora, desde la barrera que los autores de este siglo han emprendido, para no atender "lo que le interesa a la gente" y concentrarse en sí mismos, le manda, como respuesta, sus libros dedicados. El soldado le escribe de nuevo y le hace la gran pregunta de este siglo: "Querida Amelie Nothomb: Gracias por sus novelas. Qué quiere que haga con ellas."

Aunque luego hay sutilezas al respecto, esta pregunta es básica para entender el distanciamiento entre lectores y escritores; es decir, por qué la gente ya no lee, y por qué los relatos de "viva voz" le están ganando la partida a la ficción.


miércoles, 29 de febrero de 2012

Sobre "Pisot" de Isaí Moreno (Malaletra, 2011)


* Nota sobre la novela "Pisot" de Isaí Moreno.

“No son tantas las estrellas”

Jaime Mesa

Antes que nada, una advertencia de San Agustín, contenida en este libro que hoy presentamos: “el buen cristiano debe tener cuidado de los matemáticos y de todo aquel que haga profecías vanas”.

Pisot cuenta la historia del transcurso de un deseo.

Inicia en un tiempo muy lejano cuando la ciudad de México era un “nido de víboras y delincuentes” y cuando Policarpo de Salazar, antihéroe primario, pronuncia durante su niñez, con voz débil pero segura: “Sé cuántos resuellos dio antes de morir”, luego de contemplar la muerte de su padre.

Dos siglos después, en el México actual, un profesor universitario de nombre Marino prolonga ese deseo sucumbiendo ante el poder de la máquina. Si Policarpo había externado el horror ante la posibilidad de que un artefacto desplazara al hombre, Marino, inmerso en un mundo digital, mecánico y electrónico es víctima de ese demonio encarnado en el cero y en una pantalla de computadora.

Regresemos un poco, Policarpo de Salazar, relojero, calculista y asesino, desarrolla una predilección por lo verdadero, es decir, por los números. “El número se toma de la realidad no de los espectros: hay que salir a las calles por ellos para que sean de verdad”, dice el narrador de la novela. Así, Policarpo busca implacablemente el reflejo de la realidad, la confirmación de que algo, no imaginado por el hombre, no irreal, existe, tal como el Everest, o el Popocatépetl, que está ahí sin importar que el hombre ni su inteligencia lo resuelvan. El número, entonces, no se resuelve, es. Y sólo es capaz de asirse con el encabalgamiento de esos signos que sólo describen algo que ya estaba. Dice el narrador: “La mayoría de los atascos insolubles se encuentran no en el mundo real de la materia: los hallamos en el mundo de las ideas”. Y se revela después: “La Matemática, es decir, el conjunto de todas las matemáticas, surgió, no cuando el hombre adquirió la capacidad de abstraer el número. Lo hizo cuando éste comprendió la recurrencia de algunos fenómenos, cuando podía asegurar que al día seguía la noche, la noche el día, al día la noche y así sucesivamente.” Entonces, la búsqueda de Policarpo, como la mayoría de las grandes búsquedas, como aquel trineo del viejo Ciudadano Kane, es por la recuperación de la infancia, de la inocencia, quizá, único elemento inamovible y permanente en el ser humano. Con la búsqueda del número, esa presencia eterna, Policarpo trata de recuperarse.

“Cuando aprendí a contar”, dice el narrador, “los números me maravillaban. Entonces era inocente”. Ese descubrimiento genera en Policarpo la sensación, siempre perversa, de control. “Los ojos de Policarpo brillaron con la satisfacción enferma de los tiranos, cuando comprueban la extensión de sus dominios y su poder implacable para subyugar a las multitudes. De esta forma, Policarpo encuentra en la consecución de los resuellos y estertores de los moribundos una forma de contar la disolución del tiempo y, en consecuencia, de la muerte. Así, el relojero experimentado (quien ha construido un reloj que camina al revés para tener la ilusión frágil de que el tiempo no se evapora) comienza a sembrar su idea en la muerte de varias personas. Lo que nosotros llamaríamos “asesino serial”, un término moderno, en Policarpo se convierte en una demostración científica, como aquellos iniciales hombres de ideas que, a falta de recursos tecnológicos, usaban al mundo para experimentar.

Pero toda soberbia encuentra, siempre, una tiranía mayor.

De León, mentor de Policarpo, le muestra la puerta del infierno, el número mágico, buscado por culturas y generaciones, un número imposible por, visto en sus decimales, infinito, el 3.1415929… que posee exactitud hasta la penúltima cifra escrita. Le da una tarea imposible en la eternidad de los decimales: “No se puede lo imposible”. Con esfuerzos, el relojero asesino y calculista: “Pretendió atrapar un número cuyas décimas danzaban macabramente y se le esfumaban”. Su búsqueda termina con esta sentencia: “Todo era un ardid de la realidad: lo inmediato palpable se burlaba” y confirma: que quizá la geometría engaña y sólo el huracán es verdadero”. El colmo de este adversario (que es, como se ve una idea, una idea obsesiva) es la aparición de la Rueda (que pretendía avergonzar al hombre, sustituirlo en las tareas de la muerte: cambiaba los órdenes de lo existente, y desmembraba la perfección.), una máquina que podría ser capaz de calcular como ningún humano antes, incluso más que Policarpo, y matar el número infinito. La lucha consecuente de Policarpo, entonces, es contra la máquina, una metáfora de los demonios del progreso y la tecnología.

Con la máquina, la Rueda, Isaí Moreno emprende un juego con esa idea muy actual y de moda de que quien es dueño de una máquina, una computadora de última generación, una cámara fotográfica, por ese mero acto, es dueño, también, de todo el conocimiento que otros hombres, o la historia de la humanidad, han tatuado en la confección y uso de esos objetos. Ese mito que permite ventas multimillonarias y sueños macabros de posesión y conquista y que arrebata a las percepciones inocentes y engañadas la conciencia de que la máquina, aún un hermoso Iphone con Instagram, es inútil sin la mirada de un hombre sensible. Ningún ojo o inteligencia cultivada es capaz de, por ejemplo, arrebatar un poco de vida para plasmarla en una fotografía. La mirada o el lente. El cerebro o la tarjeta madre.

Aquí es donde se insinúa la conexión entre Policarpo y un moderno Marino. Y que uno, este último, es consecuencia del otro. Marino, profesor de matemáticas en la facultad, poseedor de otros miedos, pero con una noción primordial: “La máquina es la mediadora entre el hombre y los objetos abstractos”. Como con Policarpo, el hallazgo de este “hombre peligroso” y las insinuaciones de más asesinatos, nueve, en la búsqueda de una confirmación basada, de nuevo, en el número, trae consigo una nueva carrera para apaciguar la obsesión. El asesinato miente, la muerte es irreal; sólo el número es verdadero parecen decir con sus actos ambos personajes. Aunque no sé de números, ya me corregirá el autor, Policarpo parece tenerle miedo a la totalidad, a una máquina que logre resolver el enigma; y Marino, por su parte, parece aterrado con el enfrentamiento al cero, es decir, el vacío. Uno y otro, entonces, le temen al infinito.

Lo que creyó destrozar Policarpo fue encontrado por el narrador de la historia (un personaje anodino, preocupado, éste sí, por el amor y el desamor: de ahí su calidad de verdugo y príncipe valiente) y otorgado a Marino como venganza numérica: el cero imposible terminado en más números. El aterrador final demostrado con la presencia de un signo “crucial, sorprendente, monstruoso”, uno de los números de Pisot. El fin posible de lo infinito. Y quizá con eso, yo haya dicho una blasfemia matemática.

La novela de Isaí Moreno, gracias a la era digital, no termina en el FIN rupestre de la literatura en tiempo del papel. Acaba con una liga hipertextual a una página que muestra el “Número de Pisot”, que lleva a Marino a la gran pesadilla, el maligno poseedor o continuador o depositario de la locura de Policarpo.

La broma es que, si se consulta dicha página, se puede ver un anuncio estrambótico: “esta es documentación de un producto obsoleto, consulte el centro de documentación para la información más reciente”. Una vez ahí, siguiendo la instrucción, llegamos a un buscador, espacio infinito, como los ceros, fuente del vacío universal de la era informática, en el que cotidianamente tecleamos en busca de información que confundimos con conocimiento; y al certero botón de “búsqueda”. Entonces, el juego, vuelve a empezar.

Sólo quiero decir que teclee Pisot y obtuve 76 resultados. / 7 y 6 resulta en 13. No sé realmente qué signifique eso.

* Compra la novela aquí.


miércoles, 15 de febrero de 2012

La novela Rabia en e-book


De la promoción de mi novela Rabia (Alfaguara 2008, 2010) en e-book dentro de la colección Alfaguara Digital de 100 títulos (y otras versiones):

Alfaguara España, donde se puede descargar el primer capítulo: Aquí.

En Mercado Libre donde se puede comprar a doce mensualidades de 11 pesos: Aquí.

En Busca Libros, donde se puede comprar importada en ¡$947.11!: Aquí.

Y en Casa del libro, donde cuesta 10 euros: Aquí.